El Pie: el gran olvidado.

Actualizado: 22 may



A menudo los ritmos de vida impuestos por el trabajo y los compromisos de todos los días nos llevan a que desconectemos de nuestro cuerpo, olvidándonos de partes que realmente merecen más cuidados de los que les damos. Los pies son sin duda una de ellas. Constreñidos en zapatos incomodos, maltratados en bambas gastadas, recalentados en calcetines poco higiénicos, los pies sufren en silencio. Pero este maltrato tiene un coste para nuestra salud. No todo el mundo sabe que el malestar del pie refleja el del resto de nuestro organismo. La reflexología podal es la disciplina que estudia esta relación.


La reflexología podal es una técnica ya documentada hace 5000 mil años en China, en la India y hasta en el antiguo Egipto. Se trata de un tratamiento mediante puntos de presión que reflejan órganos concretos en el pie. Estimulando estos puntos podemos mejorar la salud del órgano correspondiente y equilibrar así la energía del organismo. De forma parecida al principio de la acupuntura, la reflexología se basa en la idea de que órganos, glándulas, músculos y huesos están relacionados a través de sistemas de canales que en medicina china llamamos meridianos. La reflexología podal considera que estos canales tienen una rama que termina en los pies y que trabajando la extremidad del canal energético es posible tratar la mayoría de las partes del organismo, incluyendo sistemas orgánicos y el sistema musculo-esquelético.


Uno de los principios para individuar estos puntos reflejo es la observación de la analogía de formas: así, mirando la planta de un pie en vertical podemos teorizar que la parte alta del cuerpo (la cabeza) se refleja en los dedos del pie y la parte más baja (por ejemplo los genitales y el aparato excretor) en el talón o en las partes próximas al talón.

Como decíamos la finalidad del tratamiento es individuar las alteraciones y devolver el cuerpo a su homeostasis; el estado de equilibrio fisiológico del organismo.



Vale la pena recordar que la reflexología podal no es el único sistema que trabaja puntos reflexológicos. Por ejemplo hay terapeutas especializados en la reflexología de la mano o en auriculoterapia siendo estos dos sistemas ampliamente utilizados en acupuntora. Otros tipos de reflexología son la iridología (examen de los ojos) y la facioterapia (un sistema que individua más de 600 puntos reflejo en la cara).


Uno de los documentos más antiguos que registra la práctica de la reflexología es una pintura hallada en la tumba de Ankhmahor, más conocida como la tumba de los médicos, en Egipto. En esta tumba, cuya construcción se remonta al año 2330 antes de Cristo, podemos ver claramente dos terapeutas manipulando la mano y el pie de sendos pacientes. Según los expertos los jeroglíficos que aparecen en la pintura, como si de un cómic se tratara, reproducen las palabras de los personajes representados. “No me hagas sufrir” diría el paciente. “Agradecerás mis acciones” contesta el médico.





El pionero del sistema de reflexología podal que aplicamos hoy en día es el doctor Fitzgerald (1872-1942), de Estados Unidos autor del libro “Zone Therapy” (terapia zonal). Más tarde la masajista Eunice Ingham perfeccionó los estudios de Fitzgerald y contribuyó a la difusión de la reflexología podal con su libro “Stories the feet can tell” (historias que los pies podrían contar) publicado en 1938.


Una de las primeras personas en importar en Europa este sistema fue la masajista alemana Hanne Marqardt, en los años ’50.


En Cataluña, en los años ’70, el pionero de la reflexología podal fue Mossen Sebastià Fabregas quien, tras superar una gangrena en la pierna gracias a la reflexoterapia decidió dedicar su vida a la práctica y enseñanza de este sistema.


 

Darte un masaje de pies de vez en cuando, caminar descalzo en la hierba o en la playa, y utilizar calzados cómodos y ergonómicos son hábitos saludables y recomendables. Lo agradecerán tus pies, lo agradecerás tú, lo agradecerá tu salud.


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